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Relatos biográficos

Relación autógrafa de san Josemaría sobre el fallecimiento de su hermana

Andrés Vázquez de Prada

Etiquetas: Eucaristía, Familia Escrivá, Muerte
Cuando falleció el Fundador del Opus Dei, entre sus papeles había un sobre cerrado, en el que estaba escrito de su puño y letra: "no abrirlo hasta después de mi muerte. Mariano. 2-VII-1957". Contenía seis folios manuscritos. He aquí el texto de la relación autógrafa:


Carmen Escrivá está enterrada en la cripta de Santa María de la Paz, en Roma
Carmen Escrivá está enterrada en la cripta de Santa María de la Paz, en Roma
"Cuando Álvaro me dijo que el médico no daba más que dos meses de vida a mi hermana Carmen, me llené de pena. Carmen venía a resumir, para los primeros y para mí, veinticinco largos años de sufrimientos y de alegrías en el Opus Dei.

Decidí, después de aceptar con lágrimas la voluntad de Dios, emprendí con el Señor una lucha de oraciones: recé e hice rezar a todo el mundo. Y continué llorando amargamente, aunque a veces pensaba que —si se daban cuenta— podría ser quizá ocasión de mal ejemplo: pensamiento que rechazaba inmediatamente, porque somos criaturas de Dios, y Él nos hizo con corazón.

Pasaron unos días y, después de ver la maravillosa disposición de Carmen para ir a gozar del cielo, y la admirable serenidad que mostraba, comprendí —y lo dije— que la lógica de Dios Nuestro Señor no tiene por qué acomodarse a la pobre lógica humana.

Llegó el momento de administrar a mi hermana los últimos sacramentos, y luego la agonía larga —casi dos días— a fuerza de oxígeno e inyecciones. Yo, aun entonces, seguí pidiendo por mediación de Isidoro la salud de Carmen hasta que al final recé despacio, aceptando plenamente la Voluntad Santísima de Dios, aquella oración que da paz: Fiat, adimpleatur,...
Me quedé rendido, con un cansancio que me hacía recordar la lucha de Jacob con el ángel.
Apenas murió mi hermana —“ya”, dijo José Luis Pastor, que estaba como médico a la cabecera—, recé un responso. Y, como ya era hora oportuna, bajé a celebrar la Santa Misa, al oratorio.

Cuando comencé, en una duración de segundos, me vino al pensamiento pedir al Señor que me diera una señal clara de si el alma de mi hermana —por quien iba a aplicar la Misa, con la facultad de altar privilegiado— estaba en la gloria del cielo. Al darme cuenta de esa petición, que nació sin contar con mi voluntad, la rechacé y me parece que pedí perdón al Señor por aquello que me había venido a la mente, porque era como tentar a Dios.

Seguí la Santa Misa, subí al altar y todo procedió normalmente hasta el primer memento: me sorprendí con que estaba aplicando la Misa, no por mi hermana muerta unos minutos antes, sino por otra intención. Rectifiqué, para ofrecer el Santo Sacrificio por el alma de Carmen. Continué con normalidad de nuevo, hasta que llegó el memento de difuntos: otra vez, sin darme cuenta, había ofrecido la Misa por otra intención. Pero inmediatamente
volví a rectificar: por el alma de Carmen. Y sentí una claridad grande y un gozo inmenso, y un agradecimiento sin límites a la bondad de Dios, al comprender con seguridad que no es humana cómo el Señor, en su bondad infinita, había querido darme “una señal clara” de que Carmen había ya entrado in gaudium Domini sui.

Desde aquel momento me sentí mudado: ni una lágrima y, en cambio, un gozo que ha redundado en el cuerpo, y que no dudo en escribir que es, por bondad divina con este pecador miserable, fruto del Espíritu Santo.

Me cuesta hacer sufragios después, pero los hago y los hago hacer porque ésta es la práctica de la Iglesia.

En Roma, 25 de junio, 1957"

Cuando el Fundador visitaba la tumba de Carmen en compañía de sus hijos rezaban todos juntos un responso por los difuntos de la Obra y por los padres y hermanos de los fieles del Opus Dei ya fallecidos. Sobre el dintel de la entrada a la cripta donde reposan los restos mortales de Carmen hay una lápida cuya primera línea reza: «Ad perpetuam omnium Operis Dei defunctorum memoriam». En perpetua memoria de todos los difuntos del Opus Dei.


Andrés Vázquez de Prada, "El Fundador del Opus Dei. III. Los caminos divinos de la tierra", Rialp, Madrid, 2003, pp. 260-272